¿Quién firma la paz?

Como bien lo sabemos, este dos de octubre es un día trascendental en la historia de Colombia, la posibilidad de poner fin a una guerra de más de 50 años ha puesto en debate al país sobre si las condiciones puestas en la negociación son acertadas o no. No podemos ser ajenos a esta situación, así que daremos una mirada sobre las implicaciones y las responsabilidades de las empresas y su faceta tecnológica, además de lo que atiende al plano social en el momento de situarse en un Sí o un No.

Para mí es claro, Colombia entera quiere y necesita la paz, pero sobre las condiciones para que esta se firme hay un debate tan fuerte que inclusive hemos visto agresiones entre las partes que darán el sí en el plebiscito y las que no. Y este es el punto más importante no solo porque sostiene la decisión final que marcará la historia del país, sino porque además es una clara muestra del problema que más afecta a la sociedad colombiana y por el cual es evidente que la paz no estará en el fin del conflicto armado entre las Farc y el gobierno: abundancia de ignorancia, escasez de educación.

Memes, videos y comentarios de toda índole abundan en las redes sociales, si tenemos en cuenta el papel de este medio digital de comunicación en la sociedad actual, hablamos de una responsabilidad y muy grande, porque se crean opiniones y se asumen posturas influenciadas por la información que se comparte en Facebook, Twitter y demás de canales. El asunto aquí es que la agresividad y la violencia se han tomado el escenario de debate por la paz, tan irónico como tantas cosas que suceden en el país. Y que más refleja esto sino realmente el problema de fondo de nuestra sociedad, que es la falta de educación y la ignorancia. Lo primero parte en aquellos valores que son forjados en casa, donde aprendes a dar las gracias, respetar a tu semejante, obrar sin afectar al otro y demás, que se han perdido hasta el punto de ser la intolerancia la reina de cualquier tipo de relación en nuestro país. Lo segundo se manifiesta por la falta de conocimiento del conflicto en sí y las repercusiones que este y su posible fin traen a cada rincón de la nación. Todo esto conlleva a una cadena de información y desinformación que al verse incapaz de debatir en palabras para una decisión, no le queda otra alternativa que la agresión.

Podemos creer sin entrar a la profundo de cada aspecto, porque nos alargaríamos, que un país libre de guerra es un país que puede destinar sus fondos no al armamento sino al progreso, dentro del cual está involucradas las mismas empresas nacionales. Es un país que comienza a dar una cara más amable a los inversionistas extranjeros. Es un país que ahora tendrá más tierras en función de trabajo, vivienda, vías y turismo. Es un país que elimina una atadura que le impide andar. El beneficio es para todos. Ahora que si las condiciones para acabar esa guerra son justas o no, cada quien lo decidirá, lo que sí es cierto es que para llegar a una finalidad conveniente para la sociedad, es necesario entender que la paz no está solo en un acuerdo, sino en una responsabilidad dada a cada persona que esté dentro del territorio colombiano.

 

El mundo virtual, una carta de alto valor

Podemos asegurar que la fuente principal de información hoy en día es internet y en especial las redes sociales. La gran mayoría de personas están al tanto de la actualidad es porque ven las publicaciones de sus contactos. Como seres pertenecientes a este universo digital, tenemos la responsabilidad de contribuir a la paz del país, de salirnos de los debates agresivos y las campañas violentas para adentrarnos en un estado de debate sano que permita el crecimiento de todos los involucrados y que conlleve a una decisión correcta. Y por favor no tome esto como un comentario tendencioso, pero hay una solución planteada, para aquellos que no están a favor, la respuesta no puede ser tan vacía como decir no y listo, hay que proponer y gestionar entonces una alternativa. Y esto lo digo porque gran parte de la pelea en redes se da por un estancamiento de ideas, repetimos lo que todos dicen, y se centra en la imposición de una postura, pero otro sería el asunto si a lo planteado no solo se le debate o cuestiona, sino que se le presente una alternativa.

La invitación entonces es a que independiente de la decisión de voto, desde el perfil que se tenga en la redes, trabajemos por la paz, a que se mantenga una comunicación que construya y que se vea argumentada por las acciones en la vida real. Si queremos la paz, tenemos que empezar a vivirla con nosotros mismos, nuestras familias y entornos. Comprender  lo que está en juego para el país es poder prever el futuro propio, de la familia y el negocio. Hagamos que lo digital, carta relevante en este plebiscito, juegue a favor del país, no de un voto o un personaje político. La familia de Yettú espera con anhelo que este domingo los colombianos sepamos decidir y que la paz empiece a ser construida con familias más atentas a la formación de quienes las estructuran, con un gobierno honesto que trabaje para el crecimiento, con unas empresas comprometidas con el país y con una sociedad que se extiende la mano para brindar oportunidades. ¡Nos vemos en las urnas!